
Parece que te transformas cuando miras a otro lado.
Y yo entonces creo adivinar que es allí, donde miras, donde te empujan los deberes;
y que es aquí, de donde alejas la mirada, donde te libera el ocio.
Cómo saberlo, si en uno de los dos lugares mientes, y yo no averiguo a cuál pertenezco.
Me basta, sin embargo, con saberme lejos de "todo-lo-demás". Con estar al otro lado de la puerta, aunque la tengas cerrada con llave y no me dejes asomarme. Me contento con que sugieras que me quede donde estoy, y me intentes convencer de que es mucho peor la alternativa. Aunque yo sepa que no es cierto, tú te esfuerzas en que lo parezca.
Sí, ese esfuerzo es, a todas luces, mi recompensa.