domingo, 22 de agosto de 2010

Adiós

Porque acabo de darme cuenta:
No merece la pena seguir siendo sólo una parte de algo que ni siquiera es un todo.

viernes, 13 de agosto de 2010

Allí




Parece que te transformas cuando miras a otro lado.
Y yo entonces creo adivinar que es allí, donde miras, donde te empujan los deberes;
y que es aquí, de donde alejas la mirada, donde te libera el ocio.

Cómo saberlo, si en uno de los dos lugares mientes, y yo no averiguo a cuál pertenezco.
Me basta, sin embargo, con saberme lejos de "todo-lo-demás". Con estar al otro lado de la puerta, aunque la tengas cerrada con llave y no me dejes asomarme. Me contento con que sugieras que me quede donde estoy, y me intentes convencer de que es mucho peor la alternativa. Aunque yo sepa que no es cierto, tú te esfuerzas en que lo parezca.

Sí, ese esfuerzo es, a todas luces, mi recompensa.

lunes, 19 de julio de 2010

Me canso

Me canso de estrujar mi entendimiento, de exprimir mi comprensión, de alejarme y enfocar. Me agota esforzarme en comprender por qué sonríes tú tras una cárcel de tela negra y holgada, o por qué prefiere aquél abrazar colores antes que la suavidad inevitable de una piel.
Y me empeño en aprender a respirar, en mi curso intensivo de perspectiva. Me cuesta, pero me prohíblo lo de "cómo se puede ser así", o lo de "qué gente más loca", por sobrados motivos, por pesados argumentos y por obligación moral. Sin embargo, me fallan las fuerzas cuando les veo llorar ante una mesa, o sangrar descalzos cuesta arriba, o doblarse en un hiperbólico saludo a un ser que están a punto de apuñalar.
No me malinterpreten: no les puedo juzgar. Podría, si les comprendiera. Solamente me permito forzar la vista e intentar leerles en la oscuridad.
Pero, ¿saben? Me niego a creer que sea todo culpa mía. Yo no veo a nadie sudando por adivinar mis motivos y mis causas: tal vez me explico con sobresaliente, tal vez no les interesa. Pero yo les presento mis ganas de descodificar sus dígitos, me tumbo sobre la mesa de operaciones con los prejuicios y los rumores en blanco. ¿Por qué, entonces, apuro el día sin respuestas? ¿Por qué me sigue extrañando, al final de la jornada, que regales la fortuna de tus horas a un ser etéreo, en el mejor de los casos, o al aire, en el peor de ellos?
Pues porque dedicasteis demasiado tiempo a intentar tocar el cielo, y os olvidasteis del asfalto sobre el que os movéis. Nadie se esforzó por dilatar mi comprensión, por entrenar mi tolerancia. Y como no la tengo en forma, cuando la pongo a prueba ante el mundo, sucede lo inevitable: me canso.

lunes, 7 de junio de 2010

Vaivén de contratiempos

Jamás habría imaginado que aquello pensado para ser bello pudiera arrojar tanto dolor.


Hacer el amor con una persona que ama, con la persona que solía amar, se convierte en una pesadilla en la que se enredan el placer y el tormento imitando sus abrazos. Le ataca la culpabilidad y le asfixia el remordimiento, y se pregunta si estará tan mal como cree, si se merece la culpa. Entregarse a él en cuerpo mientras piensa en cortar el alma por la mitad.
Y cuando él se detiene, la mira, le dice que la echó de menos y ella se deja abrazar más fuerte mientras sus cuerpos se mecen por el deseo, ella se da prisa en arrastrar los pómulos por la almohada para que él no perciba cómo se le empapa la mejilla por no poder sentir lo mismo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Autopistas en el agua

Hasta aquí llega el aroma,
desgastado,
de unas líneas dibujadas sobre el mar.
Me emborrachan y me toman
de la mano,
invitándome a aprender a navegar.

Me he negado a oír su llanto,
ensordecido
por el grito de las sábanas de dos;
camuflado por el canto
y el silbido
de los pasos que se acercan al salón.

He tenido suficiente
de momento
con los vértigos del barco de vapor.
He agotado cuerpo y mente
en el intento
de aprender a dirigir mi embarcación.

Despedirse no da miedo,
sólo pena.
Sólo a ratos echaré en falta la mar.
Lo que temo es que me quedo,
y tú te quedas,
y así nunca querré volver a marchar.

viernes, 30 de abril de 2010

Smile

Nos cuentan que hay más novela entre rutinas que entre páginas, o más ficción en la realidad que en las cintas, o más drama entre bastidores que sobre el escenario. Y asentimos, como si lo comprendiéramos. Creemos hacernos una idea, como si fuesemos espectadores lejanos de un griterío amortiguado. Qué dulce sosiego, el de la distancia.
He tenido la agria oportunidad de asomarme a la mirilla de esa sala. Aún como parte del público, acaso ajena todavía. Y he entendido, a mi pesar, cómo supera la verdad a la fantasía. Y lo poco que necesitamos más de lo mismo, aunque sea en teatro; lo canalla que supone inventarse más tragedia. He deseado volver a los tiempos en los que uno sabía que el cuento terminaba bien. Porque para finales tristes, no hay más que echar un vistazo fuera del libro.


*Y presumo de estar orgullosa de lo que otros se arrepienten.

martes, 20 de abril de 2010

Pintar y borrar

Era sorprendente lo poco que se acordaba de él.

Incluso resultaba triste, la perspectiva del olvido espontáneo. Involuntario. Qué menos que guardarle una parcela entre sus ideas, ¿no?
Sucedía que al tratar de alimentar las brasas, al evocar melodías, trayectos y tardes soleadas, las manchas de hastío lo cubrían todo con una querencia indeleble y contagiosa. Se había acostumbrado a ignorar lo bueno, para no dejarse convencer, y se le había olvidado su dicha anterior.
Incluso resultaba triste, y no lo sentía por él, que había aprendido a odiar los recuerdos a propósito, por supervivencia. Lo lamentaba por ella misma, quien ya no podría rememorar sus propios tiempos felices. Todo quedaba silenciado tras un telón de orgullo opaco y frío. No había sufrido, es cierto, pero ahora se sentía como si nunca hubiera disfrutado.

Era sorprendentemente triste lo poco que se acordaba de él.