lunes, 12 de abril de 2010

Ya soy "otro" más


El tren se pone en marcha con energía, tambaleando en su primer impulso los cuerpos de trapo de sus pasajeros. Casi vacío, el vagón se sumerge en las minas de asfalto, escurriéndose bajo los pies de la ciudad aún medio dormida.
A veces, me siento como un fantasma entre tanta algarabía de rostros sin nombre. Bajo tierra somos todos iguales, imperturbables, vacíos. Me desplazo entre la gente como este tren bajo la urbe: soy casi imperceptible. Proyecto mi atención dispersa en cada nuevo alto del camino, por el que navego mecánicamente, como un ciego que se agarra a la correa de su labrador. Y contengo la respiración -y la consciencia- hasta el momento en que vuelvo a asomar la cabeza a la superficie y puedo, por fin, respirar.

miércoles, 7 de abril de 2010

Ya soy uno más

Sigue mirando al suelo, mientras intenta que dejen de temblar todas las ideas que ha estado agitando hasta el colapso. Se frota con dulzura las yemas de los dedos, y el encanto que desprenden sus manos imperfectas hace que me dé aún más miedo lo que está escondido en su garganta.
Levanta la cabeza, pero no la vista. Me hace temblar con cada carraspeo, y lo sabe. Resopla, y yo imagino que expulsa en ese aire parte del castigo que me espera en sus palabras. Me concentro en ese oxígeno impregnado de aroma a su boca, aferrándome al clavo más caliente que encuentro a mi alrededor.
Vuelve a negarme la mirada, para ofrecérsela esta vez a la ventana, y el sucio cristal me mata de celos. Empiezo a comprender que habrá que aprender a desconocerse. Y a dejar de observarlo todo con ojos de niño ensimismado, sin ganas de ocultar mis ganas.
Abre la boca para liberarse del peso de las palabras sobre su mandíbula, que tiembla ligeramente como si las ideas, tras ella, aporreasen las puertas del sonido. Me descubro suplicándoles en silencio que no salgan al exterior. Que no me bajen de este pedestal en el que soy tan feliz, a pesar de todo, donde soy un único entre tantos cualesquiera.
Pero ante mi estupor desesperado, alza la vista con una puntería estratégica, y acierta en mis pupilas. Y ya está. Es todo lo que necesita.
Ya soy uno más.

jueves, 11 de marzo de 2010

Abc


Me parece banal, ¿sabes? Utilizar palabras de segunda mano. Como si las estuviéramos estrenando. Como si aprendiéramos a hablar de nuevo.

Me da rabia no poder fabricar letras con tanta rapidez como emociones. Bautizaría el olor de tu corbata, o el sabor de tu almohada, o el miedo de tu olvido. Y moldearía los términos según fueran haciéndose más fuertes, o más complejos, o más dolorosos. Daría nombres horrendos a los ratos vacíos, a los momentos tristes, al sonido del teléfono cuando nadie responde o cuando no respondes tú. Fabricaría apellidos melódicos para ponerles tu sello a los sentimientos que matizas con tocarlos. Lo renombraría todo, para que sí pudiéramos inaugurar vocabulario, y no tuviéramos que repetir lo que se dicen otros. Porque no dicen lo mismo, porque no sienten igual.

Quiero pasarme las horas inventando palabras que puedan hablar sin gestos. Que sean más que sílabas pero menos que poesía. Que sean, simplemente, una forma no banal de poder describir esto. Esa será, sin duda, la palabra más bonita.

martes, 9 de marzo de 2010

Tiempo

- Sueño y sed. Es todo lo que puedo ofrecerte. Apetito, nada más.
Puedo enseñarte a creer que se puede confiar en la paciencia tanto como en el deseo. Y puedo pedirte que lo intentes, que me intentes, que no pierdas las ganas de dormir y de beber.
Puedo ofrecerte sueño y sed, pero ni siquiera puedo prometértelo.
Y tú, ¿qué me puedes ofrecer?


- Yo no te ofrezco nada. Yo te lo doy.
Te regalo tiempo, que me sobra.
Lo tomas o lo dejas, pero no me lo devuelvas.



martes, 23 de febrero de 2010

Nubes y Claros

Ojalá todas las nubes fueran así de suaves.
Ojalá todos los claros fueran así de ilusos.

Porque no hay tantas nubes como para que quiera llorar o quedarme, ni tantos claros como para provocar prisa y carcajadas. Señalo con la nariz a un cielo que no huele a tormenta ni a calor, que no suena a mar ni a monte, porque todo es mundo aquí debajo.

Ojalá todas las contradicciones fueran así de dulces.


(Gracias)

lunes, 15 de febrero de 2010

Insomnio

Ahora se acerca, le huele, respira profundamente y suelta rápido el aire para volver a olerle cuanto antes. Y se queda así, inmóvil para no despertarle, con su aroma pegado a la barbilla, hasta que sus lágrimas empiezar a mojar el flequillo de él.

lunes, 1 de febrero de 2010

Desacuerdo y desolvido

Si yo fuera tú, también caminaría con los zapatos llenos de plomo.

Como tú, llevaría gafas de sol en lugar de entornar los ojos.
Lo miraría todo de lejos, ajeno, extraño, pero presente, igual que tú.

Y tú...tú serías como la música que pasa por mis sentidos sin dejar huella. Yo tampoco permitiría que me impregnases con tu aroma, ni dejaría que marcases nada en mí que pudiera seguir latiendo cuando ya no estuvieras. Serías, más que olor, acento. Más que imagen, tacto. Serías todo aquello que no se pudiera recordar con facilidad. Lo mismo que me haces ser a mí.

Si yo fuera tú, también agarraría mi mano, pero sin apretarla demasiado. Y tampoco me permitiría el más mínimo rubor.

Si yo fuera tú, tampoco me querría.